jueves, 18 de julio de 2013

Risa

Por suerte Risa despertó temprano. Se creyó capaz de levantarse y lo hizo. Para ella todo es tan simple. 
La inutilidad de un día que sigue al anterior antecediendo al próximo no le molestaba. La pesadilla de la noche podía olvidarse con un pan con palta, asi que desayunó lo más rápido que pudo, se esmeró en vestirse adecuadamente y salió a la calle. 
Una mañana opaca bajo el aire fúnebre de la ciudad sobrepoblada, pero ella era Risa y no podía dejarse interrumpir por pequeñeces. Las casas bien pintadas de su barrio residencial lucían como nunca. Respiró profundamente, llenando hasta el último hueco de su pulmón de esa atmósfera plástica que tanto le agradaba. Se detuvo para encender el primer Kent One de la cajetilla que Padre Amable y Madre Cariñosa le habían traido de Estados Unidos mientras pensaba para sí lo feliz que era. 
Padre Amable la encontró en la esquina. 
-¿Para a dónde va mi Risa preciosa? 
- Hola papá, voy al gimnasio. 
-Sube, te llevo. 
El Audi la aisló inmediatamente de los sonidos del exterior pero obviamente fué para mejor. Es curioso que nunca le haya parecido interesante el mundo. 
- ¿Y por qué vas tan temprano papá? 
- Nada, asuntos de la oficina que el inútil de Mandados no puede resolver solo. Te juro que uno de estos días lo voy a dejar en la calle. 
- ¡pero papá! piensa que sus hijos tambien quieren conducir un auto como este algún día. ¿Qué va a ser de ellos si lo echas? 
- Sí, es cierto. Seguramente puedo darselo como indemnización, y así no me molestaría más. 
- Siempre tan inteligente papá, por eso te quiero. 
-Linda, ¿y has pensado que me vas a regalar para el Dia del Padre? Es este Domingo, supongo que no lo has olvidado. En el asiento de atrás hay unos catálogos de Ripley por si quieres hojear, están ordenados por personalidad así que no resulta difícil encontrar el regalo apropiado. 
-¡Papá¡, ¿crees que lo olvidaría? Por supuesto que ya lo compré. De hecho, con la tarjeta del gimnasio me hicieron un 10% de descuento. 
-Siempre tan previsora, te quiero hija. 
- Papá, ¿puedo contarte algo? 
- Por supuesto mi amor, dime. 
- Es que me da verguenza. 
- Pero amor, ¿alguna vez me he reido de tus cosas? dime preciosa, seguro que no es para tanto. 
- No si no es para tanto pero es que...no sé...creo que te vas a enojar. 
- Pero mi linda, ¿cuando me he molestado contigo? sabes que eres lo más preciado para mí, vamos, cuentame. 
- Es que... 
- ¿Es que...? 
- ¡Sé que me has dicho que no lo haga pero me cuesta tanto! Soy una tonta. 
- Risa, si no me dices me voy a molestar de veras... 
- Es que...dejé mi corazón en la casa. 
- Ja,ja,ja. Pero mi Risa linda, ¿creías que me molestaría por eso? Quédate tranquila mi amor, todos nos equivocamos. ¿Rezaste antes de salir? 
- Tres AveMarías y un Padre Nuestro. 
- De acuerdo. ¿Y por qué estabas tan preocupada? ¿Lo necesitabas para algo muy especial hoy? 
- mmm...no, creo que no. 
-Entonces mi linda, no hay motivo para preocuparse. Ya, toma tus cosas que estamos llegando. 
- ¿En serio no estás enojado papá? 
- No amor, en serio. Aquí tienes mil pesos por si necesitas algo. Cualquier cosa me llamas, ¿vale?. Si atiende el tarado de Mandados dile que es para algo importante. 
- Gracias papá, me encanta confiar en tí. 
- A mí también preciosa, cuidate y no te amargues por tonteras. 
-Lo haré. 
-¡Y no olvides el catálogo! 

Afuera, no pudo evitar derramar unas lágrimas por su padre. Se avergonzó al ver que le habían corrido el maquillaje pero luego se arrepintió de ser tan malagradecida; lo quería tanto. 

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